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Publicado el: 2026-02-13

El amor líquido y las relaciones exprés

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La verdad es que vivimos en un tiempo donde los afectos se parecen más a las historias que desaparecen en 24 horas que a los vínculos que antes se construían con paciencia. 

El concepto de “amor líquido”, acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman, aparece cada vez que se mira alrededor y se nota que las conexiones humanas se han vuelto rápidas, intensas por momentos, pero demasiado frágiles, con vínculos deslizables e inmediatos. La verdad es que vivimos en un tiempo donde los afectos se parecen más a las historias que desaparecen en 24 horas que a los vínculos que antes se construían con paciencia. No es un juicio moral; es un retrato del ritmo actual. En fin, un retrato que incomoda porque, en el fondo, todos han participado en este juego de acercarse y alejarse.

El amor líquido describe vínculos donde la estabilidad se reemplaza por la inmediatez. Donde antes existían conversaciones largas bajo un corredor, ahora predominan las reacciones rápidas, los emojis que intentan condensar emociones enteras y los mensajes que se dejan en visto más rápido de lo que tarda un bus en pasar por el Redondel Masferrer un lunes por la mañana.

Algunos ejemplos del día a día lo muestran con claridad:
1. Amistades que nacen en un grupo de WhatsApp y se evaporan cuando el proyecto termina.
2. Parejas que se encuentran en una app, pasan semanas compartiendo memes, pero desaparecen después de la primera incomodidad.
3. Equipos de trabajo que generan conexiones intensas durante un proyecto complejo, pero que se enfrían por completo al terminar el trabajo.
4. Relaciones familiares que, aunque cercanas geográficamente, se sostienen más en stickers enviados por compromiso que en conversaciones reales.

En sociedades como las nuestras, donde la política cambia de rumbo con la velocidad de un tweet viral, también se ven afectos que se mueven igual: apoyo apasionado un día, distancia total al siguiente. Aquí aparece una inquietud constante: ¿cómo conservar vínculos significativos en un entorno tan fugaz? No se trata de volver a lo antiguo, porque el mundo ya no camina hacia atrás. Más bien, se trata de equilibrar esta inmediatez con prácticas que le devuelvan peso a lo que importa:
En lo laboral: priorizar espacios breves pero auténticos de interacción. Un líder que explica un cambio importante con voz calmada y presencia genuina rompe la lógica líquida. Un equipo entero puede recuperar la confianza con una conversación honesta de diez minutos más que con cien correos.
En lo familiar: volver a las costumbres cotidianas: preparar juntos una cena improvisada, comentar las noticias locales o simplemente compartir una anécdota antes de dormir. No hace falta solemnidad; hace falta constancia.
Entre amistades o grupos sociales: guardar el teléfono diez minutos mientras se toma café con alguien puede sonar pequeño, pero funciona como magia para romper la superficialidad.
En relaciones afectivas o de pareja: conversaciones que se sostienen aunque lleguen momentos incómodos. La inmediatez invita a huir rápido, pero la estabilidad nace cuando se permite que el vínculo resista la incomodidad sin apretar el botón de “archivar chat”.

Además, la UNESCO ha señalado en distintos estudios sobre convivencia humana que las sociedades que protegen la empatía y el diálogo sostenido generan vínculos más estables y resilientes.

Situaciones concretas que muestran su impacto:
1. Caso político-social: tras un anuncio repentino de un funcionario, la opinión pública cambia de humor en cuestión de horas. Los afectos digitales se encienden, se apagan, se polarizan. Y, al final, cada quien vuelve a su burbuja emocional sin haber construido nada duradero.
2. Caso corporativo: un grupo de empleados se une intensamente durante una auditoría crítica. Intercambian bromas, confidencias, estrés y alivio. Una semana después, cada quien vuelve a su escritorio como si nada hubiera pasado. El lazo existió… pero fue líquido.
3. Caso comunitario: en una colonia, los vecinos coordinan una colecta para una familia en dificultad. Durante esos días, la solidaridad fluye con fuerza. Luego, todo vuelve al silencio habitual. No es falta de empatía; es la dinámica líquida que lo arrastra todo.

Las conexiones desechables desaparecen tan fácilmente porque no son un problema individual, sino un clima cultural. Pero sí permiten adoptar hábitos sencillos que le devuelvan raíces a los vínculos: un mensaje de voz con intención real, una conversación que no se corta a la primera tensión, un espacio sin pantallas donde la mirada quede fija por unos segundos más.

Tulio Magaña - Consultor, investigador y conferencista



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