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Publicado el: 2026-01-09

Desaparecer sin decir nada: el drop culture laboral o el ghosting en las relaciones

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“La ‘drop culture’ no es una tendencia inofensiva”. Es un reflejo de la forma en que las personas abordan —o evaden— el conflicto. Lo que se requiere no es dureza, sino humanidad. 

El silencio a veces dice más que las palabras. En el trabajo, en el romance o incluso en el grupo de WhatsApp, cada vez es más frecuente que alguien simplemente desaparezca. Sin explicaciones, sin un adiós, sin un “gracias, hasta aquí llegué”. A esto se le ha comenzado a llamar “drop culture”, o más comúnmente conocido como “ghosting”: una palabra tomada de las relaciones amorosas, pero que ya ha contaminado la cultura laboral y social.

El ghosting laboral se da cuando alguien desaparece de la faz de la tierra sin dar explicaciones. Puede ser un candidato que se esfuma después de varias entrevistas; un jefe que nunca llama tras decir que habría una reunión crucial; un compañero que un lunes simplemente no aparece. En las relaciones interpersonales, es el amigo que un día deja de responder sin motivo aparente.

Un estudio de Indeed en 2023 encontró que el 77 % de los reclutadores en Latinoamérica ha sufrido ghosting por parte de candidatos, y que también ocurre al revés: empresas que nunca responden a los postulantes. Es decir, el efecto se da en ambos sentidos.
Y es que, en la era de la hiperconectividad, el silencio también es un modo de comunicar. Un “no quiero lidiar con esto” envuelto en desconexión. Nunca ha habido tanta tecnología para hablar… y nunca ha sido tan fácil desaparecer.

Muchos explican la desaparición como una forma de evitar el conflicto o el desgaste emocional. “¿Para qué informar al reclutador que ya no estoy interesado en la posición?”, “¿para qué tener una conversación incómoda?”. Pero el punto es que esta costumbre, además de ser descortés, irresponsable y desconsiderada, destruye la confianza. En el trabajo, deja proyectos a medias, posterga decisiones y genera incertidumbre. En lo personal, desorienta y deja cicatrices invisibles.
Como explica el psicólogo clínico Adam Grant, “la cortesía no es eludir el conflicto, sino ser directo con respeto”. Y el ghosting no es falta de tiempo: es falta de empatía. Quien se va se evita el mal rato, pero se lo endosa a otro.

¿Por qué se está volviendo tan frecuente?
1. Fatiga emocional: la sobreexposición digital y el bombardeo de interacciones llevan a muchos a desconectarse sin explicaciones.
2. Cultura del descarte: en el mundo del “swipe”, se cambia de trabajo, de pareja o de grupo como quien cambia de serie.
3. Comunicación líquida: las relaciones se vuelven superficiales y desechables; lo que no produce placer inmediato se abandona.
4. Desconfianza institucional: en ambientes donde la empresa no cumple o el jefe desaparece primero, la gente replica la conducta.
En nuestros países, más de una empresa ha narrado cómo candidatos con ofertas firmadas no aparecen el primer día. Pero también está el otro lado de la moneda: profesionales que esperan semanas por una respuesta que nunca llega. En ambos casos, el mensaje es el mismo: la relación laboral se volvió frágil.
En las familias o entre amigos ocurre algo similar. Alguien falta a las reuniones o deja de responder al grupo, y los demás prefieren pensar que “está ocupado”. Pero a veces el silencio no es comodidad, sino cansancio.

En el trabajo, manejar este fenómeno no es una cuestión de control, sino de reconstruir la confianza. El punto es que la evasión no debe convertirse en costumbre. Algunas buenas prácticas:
1. Definir límites claros: en entrevistas, reuniones y proyectos. Que las palabras tengan punto final, no puntos suspensivos.
2. Hacer del feedback honesto la norma: un “ya no me interesa” es mejor que un silencio.
3. Fomentar culturas de respeto: en climas donde se escucha sin castigo, la gente no necesita escapar.
4. Formar en competencias emocionales: aprender a expresar el desacuerdo es parte del crecimiento profesional.
En las relaciones amorosas o interpersonales ocurre lo mismo. No hace falta decir mucho: algo cambió. Un mensaje sencillo y sincero, sin florituras, a menudo previene el vacío de una ausencia repentina.

“La ‘drop culture’ no es una tendencia inofensiva”. Es un reflejo de la forma en que las personas abordan —o evaden— el conflicto. Lo que se requiere no es dureza, sino humanidad. Cerrar ciclos también es respeto.

Tulio Magaña - Consultor, investigador y conferencista



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