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Publicado el: 2025-11-21

Vemos lo que queremos ver: el sesgo de las creencias limitantes

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El sesgo de confirmación actúa como un espejo que devuelve sólo lo que ya se espera. Comprenderlo permite decidir con más conciencia, tanto en la vida personal como en la esfera pública. Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, recordó que “nunca es posible deshacerse por completo de los sesgos, pero sí reconocerlos y limitar su impacto”.

El sesgo de confirmación es esa tendencia casi automática de buscar, interpretar o recordar información que coincide con las ideas previas que ya se poseen. El psicólogo Raymond Nickerson lo describió como una de las fuerzas más persistentes en la mente humana. No se trata sólo de un detalle teórico: es el lente con el que se juzga al vecino, se elige un candidato político o se decide si una inversión es segura.
Un ejemplo cotidiano en nuestro país surge en el debate político. Quien simpatiza con un partido lee las noticias con la certeza de que su tendencia “tiene la razón”. Incluso, cuando aparecen datos que cuestionan esa creencia, se filtran o se reinterpretan como ataques. No es un rasgo aislado: es un fenómeno presente en cualquier sociedad donde la polarización tiñe la conversación pública.

Este sesgo nos invade en todos los frentes:
1. En el trabajo, un jefe puede dar más valor a los informes de un colaborador que siempre coincide con su forma de ver los problemas, descartando sin querer las propuestas más innovadoras.
2. En la familia, un padre convencido de que la tecnología “arruina a los jóvenes” sólo recuerda los casos de adolescentes adictos al celular, olvidando a quienes la usan para estudiar o emprender.
3. En la amistad, alguien que cree que cierto restaurante “es el mejor de la ciudad” pasa por alto cualquier reseña negativa y comparte únicamente las que confirman su gusto.

La verdad es que, si se observa con atención, se trata de un mecanismo protector. La mente evita el conflicto que genera la duda y se aferra a lo conocido.

La Programación Neurolingüística (PNL) plantea que cada persona construye su mapa mental del mundo a partir de experiencias y emociones. Y es que, en muchas ocasiones, el sesgo de confirmación no es más que la manifestación de ese mapa. Quien interpreta la realidad desde la creencia de que “los jefes nunca escuchan” filtra cada gesto de su superior para sostener la idea, aunque existan señales contrarias.

La ley de la atracción, tan comentada en ámbitos de desarrollo personal, sostiene que si la mente se enfoca en confirmar lo que cree, y además se actúa en coherencia con esa creencia, el resultado refuerza la misma idea.

En un grupo de emprendedores, por ejemplo, quienes están convencidos de que “el país es terreno fértil para las pequeñas empresas” suelen rodearse de contactos que piensan igual, asisten a ferias de negocios y buscan oportunidades. El entorno parece confirmar su fe en el emprendimiento. En cambio, quienes creen que “todo negocio fracasa” filtran las historias de cierre, evitan arriesgarse y refuerzan la visión pesimista.

El sesgo de confirmación no puede eliminarse completamente, pero sí puede gestionarse. Algunos caminos prácticos:
1. Exponer las ideas a debate real: escuchar opiniones contrarias sin interrumpir. En la política local, abrir espacios de diálogo ciudadano es un antídoto contra la polarización.
2. Buscar datos de fuentes distintas: contrastar información en medios locales e internacionales, en lugar de quedarse sólo con el periódico favorito.
3. Practicar el “ser abogado del diablo”: asumir por unos minutos la postura opuesta. En un ambiente laboral, puede asignarse a alguien la tarea de cuestionar cada propuesta, no para destruirla sino para fortalecerla.
4. Registrar emociones: el sesgo se activa en el terreno emocional más que en el racional, cuando una noticia genera enojo o entusiasmo.
5. Visualizar opciones: apoyarse en la ley de la atracción para dirigir la atención a resultados deseados, sin negar la información que incomoda.
El sesgo de confirmación actúa como un espejo que devuelve sólo lo que ya se espera. Comprenderlo permite decidir con más conciencia, tanto en la vida personal como en la esfera pública. Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, recordó que “nunca es posible deshacerse por completo de los sesgos, pero sí reconocerlos y limitar su impacto”.

Manejar este sesgo no se trata de cambiar de ideas cada día, sino de permitir que la realidad sorprenda. Al fin y al cabo, las sociedades, las familias y los equipos crecen cuando alguien se atreve a mirar más allá de lo que ya confirma su creencia.

Tulio Magaña - Consultor, investigador y conferencista



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